Un cuento escrito en el pasado sobre un posible futuro.
Daniel sus 74 años tiene la certeza que sus días están por acabar, no sabe si mañana o en un año pero el día se acercaba y por primera vez no sintió miedo.
Con la misma certeza sabe que cuando ocurra, el estará solo, por decisión propia.
La misma decisión que había tomado 45 años atrás: Morir solo, alejado de todos.
Era lo mejor, permanecer aislado hasta el último momento, invisible a los ojos de la gente.
Se deshizo de cualquier forma que tuviera alguien para contactarlo, tiro su teléfono, elimino sus correos electrónicos, dejo el trabajo después de encargarse que hubiera alguien que pudiera reemplazarlo, cancelo sus cuentas bancarias después de verificar que no tuvieran necesidad de buscarlo nuevamente y sin aviso previo, huyo del país, de su familia y de las pocas personas que lo consideraban amigo.
Muchos de ellos lo dieron por muerto al pasar algunos años de tratar de contactarlo sin éxito.
Consiguió un trabajo que le permitiera pagar un techo y sus alimentos, no necesitaba más.
Al principio fue difícil no cometer el mismo error que lo hizo alejarse de todos, permanecer al margen, la gente se portaba amable y lo trataba de incluir a los diferentes grupos sociales para que fuera más llevadera su recién mudanza. A lo largo de los meses fueron desapareciendo esas invitaciones, simplemente aceptaron que él no quería ser parte de algo.
Aunque no era que Daniel no quisiera, lo más correcto sería decir que no debía.
Le costó mucho entenderlo y aun más tiempo aceptarlo, pero logro reconocer que tenía una facilidad para lastimar gente.
Lo hacía de la peor forma, inconscientemente y lo gozaba, esa era su naturaleza, la forma en que su mente funcionaba.
Una noche de un jueves muchos años atrás se dio cuenta que el ciclo se repetía una y otra y otra vez.
Nunca supo si era solo el o también era fácil para otra gente, pero detectaba fácilmente a quienes no se encontrara bien.
Ya fuera sentimentalmente, baja autoestima o algún problema, así empezaba el ciclo.
Se acercaba, les brindaba su apoyo, su amistad, consejos y su compañía, brindaba hasta lo imposible para que esa persona empezara a sentirse mejor.
Con el tiempo lograba mejorar el estado de ánimo, poco a poco y sin pedir nada a cambio, solamente y con el tiempo, obtenía confianza.
Así es como funciona en la mayoría de los casos, una tarde de escuchar o apoyar a alguien y empiezan a confiar en ti sin realmente conocerte ni tener la intención de hacerlo.
El proceso variaba, no todos mejoraban tan rápido, no todos confiaban tan rápido, pero tarde o temprano lo hacían.
Todo esto ocurría sin falla, siempre fue así mientras lo hacía de forma inconsciente.
Para él podía ser una nueva amistad, o en algunos situaciones y si era una joven, el intento de la relación de sus sueños.
Sus sueños imposibles.
Solo con el tiempo descubrió que realmente no la necesitaba, ni la amistad o la relación, según fuera el caso. Su naturaleza no se lo permitía.
Los problemas iniciaban cuando su nuevo amigo o amiga se encontraba bien, y es que es lógico.
¿Qué ser humano se queda a agradecer algo que fue de forma desinteresada?
¿Qué ave permanece encerrada cuanto puede volar nuevamente?
¿Qué mariposa permanece quieta cuando sus alas fueron reparadas?
Por más que Daniel quiso conservar a sus mariposas, siempre salieron huyendo cuando el trataba de lastimarlas nuevamente para que se quedaran.
No hay comentarios:
Publicar un comentario