Después de algunos años archivada en el olvido, la comparto nuevamente.
Encuentro a
destiempo.
Caminaba lentamente por la calle, tenía tiempo de sobra
para encontrarse con su cita.
Esa mala costumbre de llegar antes cuando no debía,
pero no importaba, curiosamente, el día no era soleado a diferencia
de los días pasados y ella disfrutaba demasiado
los días fríos.
Avanzo dos cuadras y aunque sabía que tenía tiempo de
sobra para tomar un café y saludar a un par de viejos conocidos de la
zona, prefiero no hacerlo. Había una
importante razón para no hacerlo.
"No debo encontrármelo...
no después de tanto tiempo"
Es una ley y no comprobada en su totalidad, pero cuando
menos quieres que algo pase, de repente y contra muchas probabilidades, solo
ocurre.
- ¿Daniela?
No era cierto. Bueno, lo era... esa voz era
inconfundible, pero no podía ser.
Después de tanto tiempo sin saber nada de él.
Volteo lentamente sobre su hombro derecho y lo vio.
- Alberto - Susurro, no era pregunta,
era afirmación, o tal vez trataba de confirmarlo para ella misma.
No había grandes cambios físicos, usaba el mismo
corte de cabello, una de las playeras que ya
le conocía, quizá la escasa barba de pocos días era lo
diferente en su rostro, pero en sus ojos había algo diferente.
- Qué casualidad
encontrarte aquí - Alberto acorto
la poca distancia que los separaba - Mira que hace tiempo que no se de
ti...
- Lo sé...
- ¿Por qué tanta prisa? -
Pregunto y después apareció una leve sonrisa. Esa sonrisa que
pones cuando haces un comentario y de repente algún recuerdo llega a
tu mente. De esos recuerdos.
- No cambias, siempre tan sarcástico.... - No quiso
seguir la pequeña broma que tantas veces hacían años atrás y siguió
caminando mientras Alberto le alcanzo el paso.
- ¿No te tomas nada?, te invito a un café, no
pongas excusas...
Después de unas cuadras y minutos de insistencia,
aceptarle una taza de café en el departamento que
tanto conocía, parecía ser menos incomodo que buscar las excusas
para evitarlo. A fin de cuentas tenía tiempo.
Caminaron solo una cuadra, no era necesario
ir detrás de él, conocía el camino de memoria, y como en
los viejos tiempos, iba uno o dos pasos por delante.
Subieron al departamento y en el momento justo en que
el abrió la puerta y entro, ella se quedo afuera dudando.
"¿Que carajos estoy haciendo?"
El no tardo en notar su duda, y estiro su mano hacia ella - Anda
quédate -
Realmente no estaba convencida, pero era más incomodo dar
media vuelta y retirarse. Sin tomar su mano, entro al departamento. Alberto
no bajo la mano, con ella señalo a un sillón que se encontraba cerca
de la puerta.
- Siéntate un ratito, deja el bolso ahí...
Se acerco lentamente al sillón que le señalo,
su mirada recorría cada rincón del departamento,
no creía que después de tantos años pocas cosas hubieran
cambiado. Los posters de los cantantes que el tanto emulaba en los bares, su
pequeña bocina al lado de la guitarra, el sillón donde se sentaba a
tocar, todo seguía en su lugar, realmente el tiempo
no había pasado por ahí.
Tomo asiento y noto que él no le quitaba la mirada de
encima.
- ¿Qué?
- Se te ve muy bien, pareces muy
feliz... curioso, hueles igual que siempre
Silencio absoluto. No esperaba eso, y
no quería decir nada que indicara que él debía seguir por
ese tema.
- Y dime, ¿la carrera qué tal te fue? - Pregunto
Alberto después de más segundos de silencio.
El estaba en la cocina preparando dos tazas de café
mientras ella se puso al día en
los próximos minutos, contó lo más relevante
que había pasado en su vida, evidentemente no toco nada al respecto
sobre su vida amorosa.
- ¿Quieres otro?
El tiempo había pasado
volando así como su taza de café. Saco su celular para ver
la hora, no quería quedarse demasiado tiempo y llegar
tarde, vio que aun faltaba veinte minutos para llegar a
donde había quedado con Javier y era a solo un par de cuadras
de ahí. Asintió levemente.
El se dirigió de nueva cuenta hacia la cocina.
- ¿Hace cuanto que no nos veíamos? - Pregunto ella
para sacar algún tema.
No hubo respuesta.
- ¿Alberto? ¿Hace cuanto? – Insistió.
- Pues fíjate que hace unos meses te
vi, ibas por la calle andando con él...
Ella lo sabía, lo había visto de reojo pero en
ese momento no supo cómo reaccionar. Creyó que el no
la había visto y solo hizo lo que creyó correcto, seguir
avanzando.
Regreso de la cocina con el par de tazas, le paso la suya
y tomo nuevamente asiento en el sillón más lejano a donde estaba
ella.
Se volvió a hacer un silencio incomodo, y sabia
que si ella no lo rompía, el seguiría tocando el tema.
- ¿Como esta tu familia? - Punto para ella, sacar platica
mencionando algo de lo que a él le gustaba hablar.
- Mi madre reza para que madure de una vez, pero
no funciona y se agranda esta bola, me mira y sigue sin entender esta forma de
crecer...
Alberto se quedo callado cuidando sus pensamientos.
- ¿Que es de ti? cuéntame algo... -Pidió Daniela
- Pues yo, ya me ves, igualito que ayer, cantando
en los bares, y a veces viene gente a escucharme...
- ¿Donde tocas ahora? ¿Sigues con el mismo
repertorio de canciones? -
- No, en mi repertorio ya no hablo de ti, curé
las heridas y me redimí…
No supo que decir, solo atino a preguntarle - ¿Por qué
haces esto? ¿En serio quieres seguir con el tema?
- Disculpa; soy un
indiscreto lo sé.
El silencio ahora era mortalmente escandaloso, cada
quien se concentro en seguir tomando su taza de café.
- "A veces siento como escarcha en la
piel"
- ¿Qué?
- Mi canción, ya la acabe, "A veces
siento como escarcha en la piel"
Su canción. Ese fue un golpe bajo de su parte. Antes
era "nuestra canción", en la que ella
tanto había opinado y apoyado, ahora solo era
"su canción"
"¿Por qué siento ese hueco en el estomago?”
Nuevamente el silencio.
- Perdona, te estoy empezando a aburrir...
- No, realmente no, solo que el titulo de TÚ canción me
dio risa, ¿No se te ocurrió otra cosa?
- No seas malvada, no te rías de mí... Siempre
fuiste la buena para poner los títulos, lo mío no es eso...Siempre
fuiste tú quien tiraba de mi cuando no sabía
hacia donde ir, me pregunto si ahora lo haces de él...
Era suficiente, era bastante incomodo seguir hablando a
medias de lo que él quería saber y no se atrevía a
preguntar, de un sorbo acabo su café y se puso de pie.
- Venga siéntate...
- No puedo, ya fueron dos tazas y tengo algo más que
hacer...
- Debí imaginar que te espera Javier.
Ese fue otro golpe bajo, lo sabía, ella lo conocía lo
suficiente para saber que si sabia el nombre, sabia más cosas, sabía todo, el
no era de los que sabia detenerse cuando quería saber algo.
Se acerco a la puerta mientras
el permaneció sentado.
- Pues nada muchacha, me alegro un montón de
verte tan guapa y de oír tu voz...
No dijo nada mas, no debía decir
nada, abrió la puerta y salió del departamento. En el momento en que
ella tomo el picaporte para cerrar el susurro algo, lo alcanzo a escuchar, pero
no se detuvo, así se acababa su canción.
Espera un segundo, que algo no es tuyo,
Oye, hazme un pequeño favor:
Devuélveme el corazón.
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